martes, febrero 08, 2011


Antes (those were the days, mai frien) teníamos un sofá. Mi sofá que no era mío era estupendo para leer tebeos, dormirse viendo películas y trazar planes de dominación mundial. Pero el pobre, que tenía 15 años y era de los baratos, no pudo resistir el Apocalipsis Miau. Convertido en una piltrafa apestosa, nos deshicimos de él, y ahora su hueco lo ocupa un teclado Antonelli de dos pisos de los años 70. Muy majo él, sí, ¿pero habeis intentado tumbaros sobre uno? No hay manera. Ah, mi sofá que no era mío, cuánto te echo de menos...